Soledad y socialización en los niños

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La escuela es por excelencia después de casa donde el niño comienza a relacionarse con otr@s niñ@s y ya sin la presencia de la madre. Este momento es importante tanto para el niñ@ y para la madre. Lo que sucede es que para muchas es un primer momento de desapego (no total obviamente) pero simbólico, el pequeñ@ ya camina, ya comienza a hablar, juega, mira y responde independientemente de mi (mamá) a la otredad.

Para algunas madres puede resultar un momento donde por varias horas se “descansa” de la labor de la maternidad, pero la realidad es que la mayoría de las madres dejan a los niños en la escuela con prisa ya que tienen que ir hacia su trabajo o a hacer la infinidad de pendientes que se necesitan para sostener un hogar, de forma que cuando ya han terminado los pendientes, es momento de ir a recogerlos a la escuela.

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Con estas dinámicas ¿Qué lugar queda entonces para la soledad? La importancia de la soledad recae en que así como necesitamos de los otros para estar bien, necesitamos de nosotros mismos para darnos a la sociedad. Cuando el niño o la madre, no tienen un momento personal de esparcimiento, juego, relajación o gozo, es difícil que podamos llegar a nuestros círculos cercanos cargados de energía positiva para dar. La socialización es entonces un contexto que se fragua en sus inicios desde la soledad, la sana soledad.

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¿Cómo experimentamos la sana soledad? Aquello que uno hace en soledad de manera sana tiene que ver con todo el trabajo que hacemos por desarrollar nuestras facultades y capacidades, desde el ejercicio (aunque no lo hagamos solos, requiere de nuestra voluntad individual, nadie nos debería de obligar), las formas de alimentación, el trabajo espiritual, etc. Sin embargo, lo más importante es aprender a pasar el tiempo en soledad. Este factor aunque se escucha muy sencillo, es uno de los que más acarrean consecuencias negativas en las familias. Los seres humanos están plagados de frases que conllevan el -“No puedo estar solo porque me genera: miedo, aburrimiento, angustia, desesperación, hastío, enojo, ansiedad, no se qué hacer”.- Este tipo de carencias generan que eventualmente uno cargue a los demás con la responsabilidad de entretenerlos, darles valor, paz, tranquilidad, esperanza, ilusión, alegría, o cosas por hacer, por ende, es el origen de la co-dependencia, misma que se puede dar de madre a hijo y viceversa.

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Sobre el autor


Psicóloga, socióloga y especialista en el desarrollo de la creatividad a través del arte. A través de los años voy reafirmando que nada se aprende mejor que estando felices, plenos y en paz. El trabajo que hago está particularmente enfocado en el momento de aprendizaje con l@s niñ@s, procurando dinámicas integrales en cuerpo y mente y utilizando las artes como instrumento de creación.

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